Cada 26 de agosto se conmemora en todo el mundo el Día Internacional contra el Dengue, una fecha que busca visibilizar la magnitud de esta enfermedad transmitida por la picadura de mosquitos infectados, principalmente el Aedes Aegypti. A diferencia de otras infecciones, el dengue no se transmite de persona a persona, lo que convierte al control del vector en la principal estrategia de prevención.
Los sistemas sanitarios enfrentan un desafío creciente: los brotes de dengue saturan hospitales y ponen en evidencia la necesidad de estrategias de prevención más efectivas. La enfermedad puede presentarse en formas leves, pero también evolucionar hacia cuadros graves que ponen en riesgo la vida.
La lucha contra el dengue no depende únicamente de las autoridades. La población juega un rol fundamental: eliminar criaderos de mosquitos en recipientes con agua, mantener patios y viviendas libres de acumulaciones, y acudir al médico ante síntomas como fiebre alta, dolor muscular o erupciones cutáneas. La prevención comunitaria es la primera línea de defensa.
El Día Internacional contra el Dengue es un recordatorio de que la cooperación internacional, la inversión en investigación y la educación ciudadana son indispensables.
En definitiva, el dengue no espera. La respuesta debe ser inmediata, sostenida y colectiva, porque solo así podremos enfrentar una amenaza que ya es global.









