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El instante perpetuo en la obra de Esteban Díaz Montesino

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El amplio, diverso y cambiante universo fotográfico no parece agotarse por sus practicantes, en unos casos por puro hobby y divertimento generacional, otros contagiados por el necesario y urgente registro social, profesional y espiritual que suele convertirse en muchas ocasiones en un modo de vida, he aquí donde se percibe claramente la impronta de nuestro Esteban Díaz Montesino (1955-2018), un artista que para el terruño pinareño pudiera ser considerado como Liborio Noval, Sarabia o simplemente Korda, sin dejar de ser Esteban.

Este creador fue un hombre del lente de los pies a la cabeza, no hizo anclajes ni pactos “endemoniados” con clasificaciones y etiquetas de última “moda” donde en la mayoría de los casos la preocupación “artística” tiende a girar en torno a preservar como recuerdo, aceptación o rechazo de una determinada obra en la mayor cantidad de “like” que recibe desde las redes sociales donde suelen cobrar cierta temporalidad visual de vida.

Para este artífice del lenguaje fotográfico el momento exacto e irrepetible del instante perpetuo parece haber sido su principal motivación y postura frente al acto creativo, aflorando en no pocas ocasiones una visión muy personal sobre determinados temas específicos que inmortalizaba con su lente, en muchas ocasiones las imágenes captadas describían un peso considerable de crudeza y contingencia visceral, sin embargo, ese contexto de tensión cotidiana se traducía en un constante ademan metafórico y emocional que hacía que se volteara la mirada hacia otras zonas narrativas, con la única intensión de desdibujar algunas de las situaciones en las que el infortunio espacio-tiempo parece colocarse poco a poco en un segundo plano ¿con que objetivo? ofrecerle al espectador algunas claves con las que se debe afrontar la vida y el acto de vivir bajo cualquier circunstancia.

Evidentemente su obra establece ciertos puntos de contacto con diversos entornos y capas sociales que proliferar en el continuo devenir del día a día tales como; El tratamiento reiterado del blanco y negro, la aparición protagónica de ciertos personajes populares y pintorescos(típicos de cada ciudad), las escenas costumbristas de interiores y exteriores domésticos en estados de deterioro, la soledad, el amor y el desamor, el folclore, los ídolos religiosos, la arquitectura citadina, los sueños de infantes y adultos, los héroes anónimos y la lucha social descarnada por sobrevivir entre otros tópicos parecen reflejar y resumir su legado estético y simbólico.

En mi opinión, todo el que decida emprender un sendero y perpetuarse dentro del campo de la fotografía artística en este terruño puedo presagiar casi de modo inevitable que tendrá un capítulo de obligada cita con la obra de Díaz Montesino, esa que se empeñó con pie en tierra abrazar y escudriñar la vida con todo lo que implica el acto de existir y sobrevivir como un acto de fe y libertad ante el mundo.

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