En el kilómetro 10 de la carretera a Viñales, en Pinar del Río, se levanta la finca Ilusión Guajira. Lo que hace una década era un terreno familiar cubierto de marabú, hoy es un espacio diversificado, sostenible y reconocido como proyecto de desarrollo local. La historia de esta finca es también la de una apuesta radical: la de Maricé Pérez Caro y su esposo, quienes dejaron atrás la seguridad de una vida estable para transformar la tierra y construir un modelo de economía circular.
La finca Ilusión Guajira ocupa 9.96 hectáreas, de las cuales cinco están destinadas al proyecto agroecológico. La caña es el eje central de la producción: a partir de ella se articula un sistema de economía circular que aprovecha cada subproducto. El cogollo se convierte en alimento animal, elaborado como “predigerido” para los cerdos, lo que permite producir proteínas sin antibióticos. El guarapo y el melado se destinan tanto a la alimentación animal como a la cocina familiar, donde se elaboran dulces, yogur y café endulzado.
La diversificación es amplia: maíz, frijoles, boniatos, melón, guayaba, orégano y ají, además de la cría de ganado menor y mayor. Los animales se alimentan con productos naturales que regulan su sistema inmunológico y mejoran la digestión, logrando un peso saludable sin químicos. El estiércol de cabras, vacas, gallinas y cerdos se convierte en fertilizante, cerrando el ciclo productivo.
La innovación también forma parte de la finca. Han introducido la producción de carbón en hornos bajo tierra, una técnica inspirada en métodos asiáticos que reduce la vigilancia y permite diversificar tareas. Esta práctica genera ingresos y aporta materia orgánica para los cultivos. Tras el paso del huracán Ian en 2022, que destruyó la vivienda familiar, la finca se reconstruyó con un diseño circular resistente a fenómenos meteorológicos, demostrando resiliencia y capacidad de adaptación.
Pero Ilusión Guajira no es solo producción agrícola. Desde 2021 se consolidó como proyecto de desarrollo local, con un fuerte componente cultural. En un ranchón de caña brava y guano se venden dulces criollos endulzados con melado de caña, rescatando tradiciones culinarias. La familia y la comunidad son parte esencial: trabajan Maricé, su esposo, su madre, su cuñado y vecinos.
Reconocida como ejemplo de agroecología y economía circular, la finca demuestra que es posible integrar producción sostenible, innovación tecnológica y cohesión comunitaria. Para Maricé es más que un proyecto: “La finca lo es todo. No me hallo fuera de aquí. Sin esto no sé vivir”. Lo que comenzó como una ilusión bajo el marabú se convirtió en un referente de cómo la agroecología puede sostener una vida plena, generar empleo y rescatar tradiciones. Ilusión Guajira es hoy un símbolo de transformación rural en Pinar del Río y un modelo de desarrollo local que inspira a otros proyectos en el país.









