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Lo que somos también se hereda

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Una canción que aprendimos de nuestros padres, una receta que pasa de abuelos a nietos o una fiesta que cada año reúne a los vecinos pueden parecer cosas sencillas. Sin embargo, detrás de ellas hay recuerdos, conocimientos y costumbres que forman parte de nuestra identidad.

Cada 17 de octubre se celebra el Día Internacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, una fecha para reconocer el valor de esas expresiones que las comunidades conservan y transmiten de una generación a otra. Su importancia está en que mantienen viva una parte de nuestra historia, incluso cuando pasan los años y cambian las formas de vivir.

En Cuba, esa riqueza se encuentra en la música, los bailes, las celebraciones populares, la artesanía, la cocina tradicional y muchas otras manifestaciones que nos identifican. Son expresiones que hemos aprendido de quienes nos precedieron y que siguen formando parte de nuestra vida cotidiana.

Nuestra provincia tiene mucho que mostrar en este sentido. Los saberes de nuestros campesinos, las costumbres familiares, las fiestas de los barrios y las historias que cuentan las personas mayores son parte de esa herencia. Cada comunidad guarda experiencias y conocimientos que merecen ser escuchados y compartidos.

Pero conservar ese legado no significa guardarlo como un recuerdo del pasado. Lo importante es que siga presente en la vida de la gente. Para lograrlo, hace falta despertar el interés de niños y jóvenes, acercarlos a las tradiciones de sus comunidades y darles la oportunidad de aprender de quienes las conocen mejor.

También debemos recordar que cada tradición tiene un significado para quienes la mantienen viva. Por eso, valorarla implica respetar sus raíces, reconocer a sus portadores y permitir que encuentren nuevas formas de expresarse sin perder aquello que las hace especiales.

El patrimonio cultural inmaterial está en nuestras manos, en lo que sabemos, en lo que compartimos y en aquello que enseñamos a los demás. Mantenerlo vivo es una manera de cuidar nuestra identidad y de asegurar que las próximas generaciones también puedan reconocer en esas costumbres una parte de su propia historia.

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