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Entre el límite y el riesgo. La punta del Iceberg sobre la naturaleza en obra pictórica de Lester Campa

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Una de las peculiaridades dentro de la poética Campiana consiste en la creación y recreación de un entorno paisajístico natural que suprime todo tipo de representación  tradicional, efectista y mimética que ha imperado históricamente dentro del género; Su propuesta  ha propiciado una especie de “trueque” desde la forma y el contenido desde su primer contacto con el espectador, algo que lo ha hecho desmarcarse de una oleada generacional en torno al paisaje y su típica concepción y visualización dentro del contexto nacional.

La construcción simbólica de Lester Campa parece estar plagada de ciertos elementos extraídos del movimiento surrealista, cuya aplicación y puesta en escena han sido de vital importancia para construir un discurso pictórico que tiene como centro el abordaje del paisaje como metáfora de la incidencia del hombre dentro de su entorno natural ¿objetivo? lanzar algunos dardos sobre tópicos relacionados con la preservación, conservación e hipotética muerte de la naturaleza.

En tal sentido este creador se ha encargado de mostrarnos desde el punto de vista conceptual una parte de la punta del ‟Icebergˮ del medio ambiente ¿cuál? el límite y riesgo que no alcanzamos a ver como sociedad traducido en acciones del hombre contemporáneo ¿resultado? percepción de todo un imaginario semántico que analiza, comprende y traduce algunos aspectos vinculados a la identidad regional y nacional; Elementos como la palma, el mogote, la ceiba y el entorno tropical parecen estar condenados a un cuidado extremadamente riguroso.

Es por ello que sus representaciones nos alertan y llaman la atención sobre la necesaria significación que se le otorga al paisaje más allá del hedonismo y la contemplación sino también como ese emblema perpetuo que nos suele acompañar como identidad y que su autor no se cansa de sugerir cuan riesgoso pudiera ser su descuido, tal como se aprecia en las obras: Vida y Muerte, Óleo sobre Lienzo, 60 x 76 cm, 2004, Sin Título, Acrílico sobre Lienzo, 150 x 110 cm, 2002, Bohío, Acuarela sobre Cartulina, 35 x 40 cm, 1995 y Ceiba, Acuarela sobre Papel, 47 x 54 cm, 1997.       

A grandes rasgos se puede observar que en toda su producción pictórica se percibe un uso minucioso del color y el dibujo como base fundamental, logrando un reiterado interés en la invitación y sometimiento del ser humano hacia una especie de naturaleza frondosa y cautivante por un lado, aunque también nos introduce hacia un estado dramático, sombrío e incognito que parece guardar el trópico con sus infinidades formas de mutar si no es preservada celosamente.

Solo hay que recurrir a su obra para corroborar los infinitos llamados de exhortación que constantemente nos ha dictado en pos de construir un mejor espacio de existencia, aunque estoy casi convencido que para el preciso momento en que decidamos tomar acción y conciencia sobre el asunto será demasiado tarde.

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