Uno de los artistas que debutó por la puerta ancha dentro del panorama de las artes visuales de Pinar del Río es sin dudas Enrique Rosell Morales al obtener Premio en la edición XXV del Salón Provincial 20 de octubre: Este creador parece haber encontrado dentro de la modalidad instalativa un registro ideoestético y comunicacional con el público que no parece romperse con el paso de los años.
Rosell ha buscado y encontrado un peculiar “sello” visual y narrativo que se desmarca muchísimo de lo que comúnmente estamos acostumbrados a visualizar dentro de la creación Vueltabajera en los últimos años, enfocada particularmente en el eficiente protagonismo que le otorga al diseño como uno de sus principales detonantes desde la forma y el contenido.

Su obra generalmente se construye y proyecta sobre la base de algunos de los estados semánticos por los que transita filosóficamente el hombre y su contexto como centro de la narrativa, centrado fundamentalmente en algunos de los más apremiantes y controvertidos pensamientos, conductas, circunstancias y posturas como leitmotiv discursivo, ya sea desde una representación simbólica o metafórica, desplegando una fuerte carga de mofa e ironía hacia el problema y su posible solución ¿con que objetivo? lanzar algunas de las más inquietantes preguntas acerca de los que conocemos y entendemos cómo acto de vivir y sobrevivir en las condiciones actuales.
Rosell se apropia en muchas de sus producciones de materiales básicos y tradicionales como la madera y el aluminio entre otros, sin embargo el autor le concede a cada pieza una especie de reutilización y explotación técnica por medio de un exquisito diseño creativo que han hecho florecer una de las metáforas psicosociales más certeras, objetivas e inquietantes en torno al hombre y su espacio de existencia sobre la tierra. Un ejemplo de ello radica en las obras; Replica, Instalación, carpintería en blanco, 165 x 80 cm, 2008 y Asamblea, Instalación en metal y madera, 250 x 180 x 30 cm, 2011 entre otras; En ambas se aprecia una marcada referencia del minimalismo, el movimiento constructivista y la influencia de la Bauhaus, sobre todo en la adecuada y rigurosa economía de los recursos que se complementa con una exquisita sobriedad y factura en cada “puesta en escena”, apropiándose de algunos elementos teatrales, además del interesante juego con las luces y sombras.

Tal es así que muchas de sus piezas se construyen sobre la base de la utilización de la madera tosca y plana, moldeada y manipulada a su antojo, construyendo una especie de representación icónica del hombre como un sujeto taciturno, sosegado y límite, harto de incertidumbre social y visiblemente aislado en absoluto silencio.
Lo cierto es que nadie frente a su obra podrá omitir la interesante y sugerente idea de que estas mesas y sillas metaforizadas hasta la saciedad se han convertido en la más viva de las estampas humanas que bajo la textura de la madera aguardan el desaliento, la impaciencia, el sudor y la sobrevivencia de muchos seres que día tras día se disponen a “soportar” todo el peso de una culpa no merecida.









