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El arte de jugar a reinventarse siempre en la obra Miguel A. Couret

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La representación simbólica de Miguel A. Couret (Pinar del Río, 1964) a lo largo de sus más de cuatro décadas de producción ha suscitado desde sus inicios tres líneas estético-discursivas que construyen y dinamitan la esencia de su poética como algoritmo sine qua none, ¿cuáles?; En primer lugar, el tratamiento de la metáfora, dígase utilización, representación y transformación del objeto percibido comúnmente dentro de un contexto cotidiano como pretexto para «trastocar» su realidad epistemológica y con ello su reinterpretación semántica dentro de su cosmovisión estética y filosófica del arte,  por otro lado está lo concerniente a su capacidad ilimitada de escudriñar y dialogar con la realidad (nuestra y universal) por medio del juego, el choteo y la ironía social como leitmotiv narrativo, subvirtiendo y reinventado los espacios, referencias históricas e iconos importantes, por último, su inagotable y sistemática practica metodológica que toma como punto de partida la  deconstrucción estética (una especie de recurso aplicado cuyo corpus se sustenta y manifiesta en la aprehensión de los más disimiles procedimientos técnicos), devenidos en su mayoría desde el campo del grabado y su posterior resonancia en el ejercicio práctico en modalidades como el collage, la pintura y el dibujo.

Couret propone y proyecta dentro de su praxis artística una «puesta en escena» de fuerte carga dramática, en algunos casos  con sólidos resortes devenidos del «arte teatral», todo ello para engendrar una especie de «radar incandescente» que lo intenta cuestionar todo, teniendo como epicentro dos protagonistas; la armadura espiritual que antropológicamente recubre el comportamiento humano dentro de un espacio-tiempo determinado y su propio proceso creativo desde sus inicios hasta la actualidad ¿cuál es el objetivo?; Subordinar el recurso material que tiene al alcance de sus manos a la idea que motiva su representación visual y con ello proponerun ejercicioconstante y riguroso de experimentación natural, procesual y material  que inevitablemente lo conduce a negar absolutamente todo lo construido hasta la actualidad, una suerte de patente de corso que «carga» sobre sus «hombros» que denota una gran cuota de humildad, humildad y maestría absoluta, esa que, como reciclaje natural no deberían perder nunca el arte y los creadores.

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