Hace cincuenta años un grupo de 73 personas inocentes, perecieron en pleno mar Caribe. No fue a causa de tormentas, ni huracanes, fue la injusticia y la barbarie, el terrorismo de estado, que impregnó el sufrimiento en las familias de los pasajeros del avión CU-455 de Cubana de Aviación.
El equipo juvenil de esgrima que viajaba hasta la Habana dejó en el inmenso océano los cuerpos que hoy no estarán más junto a sus familiares y seres queridos. Veinticuatro rostros que descendieron del cielo y se convirtieron en historia.

Todo el esfuerzo de años por materializar un resultado, coronarse campeones en el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe, celebrado en Venezuela, era apagado con aquel acto atroz.
Nunca más, los vecinos del barrio en el central Pablo de la Torriente Brau, de Orosco pudieron conversar con Nacy Uranga Romagoza. Ellos no volverían a escuchar su voz melódica, ni las travesuras de aquella joven llena de ilusiones.
Ya no habrá más clases de Biología, ni reuniones en la cuadra con los miembros de los Comités. Simplemente Nancy dejó de existir físicamente, con ella se marcharon hacia otro espacio las aspiraciones de hacerse universitaria, de ganar en cuanto evento deportivo asistiera, y tantas añoranzas.

Hoy luego de haberse cumplido cinco décadas de aquel genocidio, el movimiento deportivo cubano, continúa reclamando justicia. Sigue pidiendo por la encarcelación de los criminales, los mismos terroristas que no pagaron en vida por sus crímenes, esos que usaron a Miami como refugio, esos que solo limitaron a expresar “eran cinco negritas”, sin valorar el dolor de un pueblo enérgico y viril.
Dicen que el tiempo sana las heridas, pero hay cicatrices profundas que son imposibles de borrar, hay dolores inmensos que no pueden curarse con el paso de los años, máxime cuando la injusticia tiembla. La barbarie impera y la impunidad convertida en práctica de los ricos y desgracias de los pobres.

A cincuenta años de aquel horrendo crimen, el movimiento deportivo cubano, recuerda a sus víctimas con honor y gloria, con patriotismo y convicción, porque al final, la justicia prevalecerá.










