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Desde la empatía y la responsabilidad en Pinar del Río

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Foto: Periódico Guerrillero

La Empresa Avícola de Pinar del Río (Pican), por años marcó la delantera en la producción de huevos en el país, la entidad, como otras tantas, no estuvo ajena a los tropiezos por el déficit de alimento animal y otros insumos que menguaron la masa, y con ello el volumen de posturas.

Con más de 800 trabajadores, que distinguen por el apego al sector y la experiencia, buscan alternativas que los lleven a recuperar el protagonismo, aunque el director general, Edel Triana Velázquez, sostiene que incluso en estas circunstancias, siguen siendo un referente nacional.  

“De las 35 unidades con las que contamos, 29 son de producción de bienes y seis son de servicios”, y señala que a partir de las 176 transformaciones para dinamizar la economía ya empiezan a ver el saldo positivo. Destaca el incremento del salario, que fue triplicado para todos los contratados por la Empresa.

Asegura que ya disponen de utilidades por el arrendamiento de granjas a privados, el alquiler de transporte, así como la comercialización de productos que antes desechaban y tienen valor de uso como es el caso de la gallinaza.

ALIANZAS

Agustina Lemus Cordero llegó con 17 años, en 1967, a la granja avícola El Rosario. A sus 77 se encuentra en trámites de jubilación, pero piensa reincorporarse, y es que justamente ahora gozan de más beneficios en la unidad. Esta es una de las cinco granjas en convenio con productores tabacaleros.

Señala Joel Rodríguez Gort, jefe del colectivo laboral, que la ventaja principal es la remuneración económica, lo que se convierte en motivación, ganas de hacer y resultados productivos.

Foto: Periódico Guerrillero

Como un trabajo demandante de mucha actividad física describe Arianna Valle González las funciones de una cuidadora de gallinas: como “navera”, hay que estar pendiente de que coman, tomen agua, la higiene, recoger los huevos, “incluso hasta la excreta hay que cuidarla, porque hay que echarle cal, aserrín, barrer la nave”.

Con dos decenios de labor, recuerda que en sus inicios llegaba a la casa y lloraba todas las noches, muchas veces se dijo que no volvía, que no podía con tanto, pero en ese entonces, divorciada y con un hijo no tenía muchas alternativas, porque en la zona no abundan las fuentes de empleo. Tuvo como motivación, que otras mujeres de menor constitución física lo hacían “si ellas pueden, yo también”; ahora lo considera “un trabajo bonito, aunque difícil”.

Para ella el establecimiento del convenio con Reynel Rojas Medina, tabacalero, ha sido una bendición, porque estaban en la casa sin trabajo y reciben un buen salario junto a otros beneficios.

Foto: Periódico Guerrillero

Cederle la fuerza de trabajo a los privados fue una manera de proteger a los trabajadores y que sean ellos los primeros en percibir la transformación del sector “el mayor volumen de la masa animal de la Empresa está hoy en las granjas de los productores”, puntualizó Triana Velázquez.

Aunque bajo gestión estatal también hay ponedoras, las reproductoras y plantas de incubación, las dos últimas les permiten garantizar el remplazo de los rebaños, en las dos modalidades de producción, y son vitales para la gradual recuperación.

POR MÁS

Al amparo de legislaciones vigentes como las leyes de Tierra y Empresas, buscan un óptimo aprovechamiento de las oportunidades existentes, entre estas, la concertación de agricultura por contrato en áreas que son patrimonio de Pican, la intención es que los  campesinos que poseen recursos, maquinaria, fertilizantes, semillas las hagan producir, empleando la fuerza laboral de la Empresa, lo que representaría un beneficio económico para ellos “no podemos tener tierras ociosas, tiene que estar en las manos que la hagan producir”, enfatiza el director.

Con carácter territorial sus unidades están diseminadas por tres municipios de la provincia de Artemisa y cinco de Pinar del Río como ejemplo de acciones que ejecutan para que los obreros generen sus salarios. Explica que en la granja Carlos Marx, ubicada en San Cristóbal, el colectivo cuenta con 18 integrantes, “hace mucho tiempo que no tienen aves, que es su objeto fundamental, pero allí hay carneros para la reproducción y más de 6 000 matas de plátano, que ya están en cosecha”.

Pese a las circunstancias cumplen con el encargo estatal de entregar huevos a centros de Salud y Educación, así como a la Empresa Alimentaria para los cake de los que arriban a los 15 años, y venden a cada embarazada mensualmente 30 unidades.

Asegura que con las utilidades empezarán a realizar acciones vinculadas a la responsabilidad social de la Empresa, financiando soluciones para problemas existentes en el territorio.

DEL OTRO LADO

Reynel Rojas Medina empezó en la cría de gallinas para el autoconsumo de la finca, con 99 animales que incrementó hasta el millar, su crecimiento lo puso en la mira de Pican. Inicialmente, la Empresa puso el rebaño y las instalaciones, con 70 por ciento de los huevos para el cosechero, que garantizaba el alimento y 30 para la parte estatal.

Foto: Periódico Guerrillero

Ya remplazaron los animales, que ahora son propiedad de Rojas Medina, quien también asumió a los colectivos de las dos granjas que tiene en convenio, y arrendó dos mercados, el de Puerto Esperanza y La Mandarina, en la ciudad de Pinar del Río, para la comercialización de huevos y otras producciones de la finca.

Precisa el veguero que su intención es seguir creciendo, pero hay que definir bien las inversiones, para que rindan frutos. Por el momento, el vínculo con Pican es provechoso para las partes. Valle González lo resume: “Es bueno para él, bueno para nosotros, bueno para la Empresa, para todo el mundo”.

Cada entidad que busque alternativas, logre rentabilidad, incremente los ingresos a sus trabajadores y que genere bienes es una buena noticia. No será de un día para otro que se transforme la economía del país, pero cada espacio en el que hagan sitio a la prosperidad colectiva es un haz de luz.  

Tomado de Periódico Guerrillero

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