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La Camorra: cultura, sueños y esperanza que reverdece

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No hemos dejado de soñar. Todos los días nos levantamos con nuevas ideas, ante los retos que sigue imponiendo la vida, dice el líder el proyecto. Foto: Ronald Suárez Rivas

Luis Miguel Martínez hace la señal de siempre y la música rompe el silencio de Puerto Esperanza. Poco a poco, los artistas salen a escena, ante una comunidad que observa con atención, aplaude, ríe.

Por más difíciles que sean los días, Luis Miguel y sus muchachos han hecho un compromiso: «aquí podrá faltar la electricidad, pero no habrá un apagón cultural, ni dejaremos de trabajar para brindarle a ese público un momento de alegría».

Por eso, con bocinas recargables y sobre todo con muchos deseos de hacer, el proyecto sociocultural La Camorra no ha detenido sus ensayos, ni sus talleres de verano, ni sus presentaciones por los barrios de Puerto Esperanza.

«A mi tropa le encanta eso y lo mismo bailamos en un terraplén, que en la carretera, que en la hierba, porque al final los muchachos terminan disfrutando, y este es uno de los logros más importantes que hemos podido alcanzar», dice.

En efecto, más allá de los múltiples reconocimientos –entre los que se incluyen el Premio Nacional de Cultura Comunitaria, el Premio del Barrio que otorgan los CDR y el Premio Reparador de Sueños, de la Organización de Pioneros José Martí–, el mayor éxito ha sido la transformación, por medio del arte, de este pueblo pesquero del norte de Pinar del Río.

Cuentan que todo surgió en el año 2000, en el barrio de La Camorra –por eso el nombre del proyecto– un sitio marcado por los problemas sociales como el alcoholismo y las relaciones familiares deterioradas.

En ese contexto, conquistar la atención de la gente y que los tomaran en serio, no fue sencillo.

Para que acudieran a sus presentaciones había que estar anunciándolas todo el día, y hasta decir que asistirían artistas de Pinar del Río.

A base de esfuerzo y de persistencia, poco a poco, La Camorra comenzaría a convencer y a ganar cada vez más espacio dentro de la comunidad.

Así surgirían varias líneas de trabajo dirigidas a los niños de seis a 13 años, a los adolescentes y jóvenes, a los adultos mayores, enfocadas en la música, la danza, las tradiciones afrocubanas, el teatro, la literatura, las artes plásticas, la educación medioambiental. Y junto a ellos, también se insertarían las familias.

Odalis Valdés Fuentes, por ejemplo, se ha convertido en una de las tres costureras que diseñan y confeccionan voluntariamente todo el vestuario.

«Nosotras mismas compramos los hilos y buscamos las telas con la ayuda de las demás madres del grupo. Hemos tenido noches de acostarnos a las dos y a las tres de la madrugada, para dejarlo todo listo antes de una presentación».

Odalis es ama de casa y ha encontrado en el proyecto una vocación y una nueva manera de sentirse útil.

«No aprendimos esto en ningún lugar. Uno simplemente deja que la mente vuele, para tratar de ayudar a que nuestros niños tengan una infancia bonita».

A lo largo de estos 26 años, La Camorra ha llegado a presentarse en Alemania y España, y compartido escenarios desde Pinar del Río hasta Guantánamo, con otros proyectos similares. Sin embargo, su principal acierto sigue siendo la apertura de nuevos horizontes para la comunidad.

De su influencia sobre los niños de Puerto Esperanza, hablan los muchos ejemplos de hombres y mujeres que una vez se formaron acá, y hoy acuden a traer a sus hijos.

Es el caso de Aidelin Padrón, una joven que en el 2009 se integró al proyecto y que en la actualidad, convertida en mamá, regresa con sus dos niñas.

«Entré cuando tenía 10 años. Había perdido una hermanita, me sentía muy mal, me refugié aquí y con la ayuda de todos fui superando aquella situación.

«El que conoce el proyecto sabe que esto es vida, te hace olvidar los problemas. A pesar de mi edad, desde que paso de ese portón para adentro, yo me siento niña».

Luis Miguel, el coordinador general, confiesa que tanto él como su equipo, son los primeros sorprendidos con los resultados. «Creo que ha superado totalmente nuestras expectativas».

«Lo que más nos satisface ha sido la manera en que comunidad ha recibido nuestro trabajo y lo ha tomado como suyo».

No obstante, asegura que todavía hay mucho por hacer y por transformar, con el apoyo de La Camorra.

«No hemos dejado de soñar. Todos los días nos levantamos con nuevas ideas, ante los retos que sigue imponiendo la vida.

«Ahora mismo, tenemos una fuerte competencia con la banalización de la cultura que nos llega a través de las redes sociales, con el desarraigo, con la música vulgar y de mal gusto, y eso implica el reto de seguir trabajando con nuestros niños y adolescentes, en aras de ayudar a construir una sociedad y una patria mejor».

Termina la música y resuenan los aplausos. Con una reverencia, Luis Miguel y sus niños saludan al público y se retiran del escenario. No importan las 36 horas seguidas sin corriente. Una vez más han cumplido su palabra de no permitir un apagón cultural en Puerto Esperanza y han hecho feliz a su gente.

Tomado de Periódico Granma

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